TL;DR
Entener no es lo mismo que comprender, aunque pueda parecer lo mismo. Confundirlos conlleva frustraciones y pérdidas de tiempo. Hay formas concretas de mejorar la práctica para maximizar los resultados y lograr los objetivos propuestos.

Hay mucho escrito sobre esta distinción, pero para el estudiante es vital diferenciar los conceptos. Si bien pueden considerarse sinónimos, si estos términos se confunden, se mezclan los objetivos, aparece la frustración y el aprendizaje se vuelve ineficaz.
El síntoma: “Entendí (casi) todo”
Imaginá un listening en clase o en una reunión real. Al terminar, el que escucha dice: «Entendí todo». Pero si le pedimos un resumen, detalles no textuales o la intención del hablante, las cosas no van bien. Tal vez, incluso, tienen problemas para hacer los ejercicios. Entendieron las palabras, pero no pueden generar nada nuevo con eso.
Ahí está la brecha: «Entender» es procesar lo que entra por la oreja como algo conocido (gramática, léxico, sintaxis). «Comprender» significa poder reformular eso en algo propio: un resumen, saltar temporalmente en el relato o leer entre líneas.
Necesario pero insuficiente
Entender es parte de comprender; es necesario, pero insuficiente. El ejemplo clásico: el docente explica, no hay preguntas, y cuando pregunta si entendieron todos dicen que sí. Pero al pedir un ejemplo en contexto, se ve que no hubo comprensión.
Comprender requiere un proceso intelectual activo. Con lo que se “entendió” hay que poder hacer algo: darle lugar en el sistema, reutilizarlo, compartirlo o combinarlo. El estudiante no busca entender, busca comprender, aunque no lo sepa.

El mito de las series y la música
A veces los estudiantes esperan aprender inglés solo mirando series. Hay un beneficio, sin duda, pero sin actividades que fuercen la comprensión, es una práctica poco fructífera. Si el objetivo es aprender, la práctica debe ser mucho más enfocada que simplemente sentarse a escuchar y “entender” lo que pasa.
¿Cuántas canciones escuchamos, hasta que un día «prestamos atención a la letra» y comprendemos de qué se trata realmente?
En general, la comprensión es incluso extra-lingüística: no “entendemos” una palabra específica, pero “comprendemos” la situación por el tono de voz o el contexto.
La prueba de fuego: El resumen
Hacer un buen resumen es la práctica más sencilla y útil. No aproximar ideas, sino tomar el material y jerarquizarlo: mencionar lo importante, dejar fuera lo innecesario y darle coherencia.
Un buen resumen muestra comprensión; un resumen flojo muestra un proceso a medio camino.
El estudiante que se palmea la espalda porque “entendió todo” se está poniendo un techo. El que está enfocado en aprender busca comprender y es (auto)crítico con lo que todavía no puede usar.
No es solo para la clase
A veces el foco del aprendizaje parece estar en la clase, el docente, los ejercicios, los libros, el examen. En realidad, todo eso es accesorio: aprendés inglés para algo.
Supongamos ahora que te manda tu jefe a una reunión, o a una charla, un congreso, y te pide que le cuentes después de qué se trató, qué fue lo más importante, qué acordaron, los puntos centrales, cómo veía el cliente el asunto, qué actitud tenía, cuán satisfecho estaba, etc. No podés decirle que «entendí todo», necesitás poder responder esas preguntas que muestren que realmente comprendiste lo que pasó, podés reformularlo, pasarlo, y tomar decisiones en base a ello.

Y entonces, ¿qué hago?
Para el que quiere aprender, la clave está siempre en ser honesto con uno mismo, y ver qué puede y qué no, y enfocarse (aunque duela!) en lo que no.
Lo que sale ya sale, y de lo que hago bien poco puedo aprender.
Buscate siempre actividades (o crealas vos si no las tenés, haciendo un resumen, por ejemplo, aunque sea mental) que te fuercen a verificar que efectivamente, además de entender, pudiste comprender.
